jueves, 24 de diciembre de 2020

Ojalá se termine esto


 


             Feliz Navidad y un gran Año Nuevo, 

                             a pesar de todo

miércoles, 9 de diciembre de 2020

¿Humillante?


 

Hace tiempo publiqué en el blog un comentario acerca de mi nueva situación laboral. En ella, explicaba las razones que me habían llevado a trabajar como empleada doméstica, limpiando en una casa en horario de mañana. No repetiré las razones porque no es el motivo de esta entrada, aunque está relacionado con ella.

Con motivo de haber padecido el Covid , afortunadamente de forma leve o moderada y, en cualquier caso, aislada en casa, sin haber necesitado hospitalización ninguna, me vi obligada a interrumpir mi trabajo durante veinte días, hasta tener la certeza de que mis pruebas fueron negativas.

El primer día de regreso a la casa y en medio del trabajo que estaba realizando en ese momento, me llamó la señora. Pensé que quería que dejara lo que estaba haciendo y que me pusiera con otra faena, pero no era eso lo que pretendía. sobre la cama del dormitorio al que fui, había un montoncito de ropa, en concreto, dos camisetas, un jersey y unos vaqueros. Algo más que no recuerdo.

Me dijo que era ropa de su hija que ya no le servía, no sé si por cambio de talla o por otra causa, pero que estaba completamente nueva y me preguntó si la quería para mí. La miré un poco por encima y le dije que sí. Sobre todo, me fijé en los vaqueros que, verdaderamente, estaban como nuevos. Esa tarde, en casa y después de contarle a mi Ama el episodio, me probé la ropa y comprobé que las camisetas no estaban mal, pero los vaqueros me quedaban perfectos, así que decidí quedármelo todo y usarlo. En concreto, ese fin de semana ya "estrené" los pantalones vaqueros.

A partir de ese acontecimiento, se me ha quedado una pregunta o una duda que me gustaría compartir con todos: ¿Se puede considerar una humillación entregar ropa usada de otra persona que ya no quiere para que la use yo porque supuestamente soy de una categoría social inferior o tengo menos posibilidades económicas? No sé lo que pensará cada uno y me gustaría saberlo. Personalmente, pienso que no es una humillación, que tengo que ir vestida a la calle y que mis cambios laborales me han llevado a una situación bastante precaria en mis ingresos, más aún con la pandemia y el poder ahorrar un poco en ropa me viene muy bien.

Si tenéis alguna opinión, hacédmela saber.




domingo, 8 de noviembre de 2020

Víctimas del virus


 


Quiero pedir disculpas por el tiempo que ha pasado sin haber hecho ninguna mención a nada en este blog, pero he de manifestar que tanto mi Ama como yo hemos padecido el Covid 19, que nos ha mantenido apartadas de toda actividad y en aislamiento durante más de un mes en el caso de mi Ama y durante algo menos en el mío.

Mi Ama tuvo que ser hospitalizada y yo lo pasé sola aunque  algunos amigos se ocupaban de traerme provisiones y lo que necesitaba. La verdad es que lo hemos pasado bastante mal y en mi caso aún tengo síntomas y molestias aunque ya estamos curadas, según nos han dicho.

Espero poder volver a escribir en el blog pronto, desde luego, lo antes posible y reanudar nuestra actividad como Ama y esclava en cuanto sea posible. Es verdad que nunca hemos dejado de ser Ama y esclava, pero sin ejercer.

Esperemos que esta pesadilla pase lo antes posible  y el virus desaparezca para siempre. Hoy he retomado también mi trabajo como empleada doméstica, del que haré algún comentario en una próxima entrada.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Cambio de oficio


 


Hoy voy a contar algo que me sucedió a principios del verano y que cambió, en gran manera, mi forma de vida.

Como he comentado en algunas ocasiones a lo largo del blog, mi profesión es la de médico y en ella he estado trabajando desde que terminé la especialidad. Desde hace ya algún tiempo, lo he hecho gracias a un contrato que me han ido renovando todos los años. Por desgracia, no hice la última oposición que se convocó, creo que hace dos años o así. Pero resulta, que en esta ocasión, no me han renovado el contrato, no sé por qué razón, y me he quedado sin trabajo. Al principio, pensé en buscar una interinidad o algo eventual y ponerme a preparar la próxima oposición, que se calcula que será dentro de dos años.

Pero mi Ama ha tenido otra idea. Le ha parecido bien que prepare la oposición, que en su día vaya a los cursos que haya y que me puedan ayudar, pero no acepta que busque un trabajo eventual, bien en la sanidad pública o bien en la privada. Y ello, por que quiere que tenga otras experiencias, tal vez, más acordes con mi condición de esclava y ha hecho las gestiones oportunas para que entre a trabajar en una casa como empleada doméstica. y ahí estoy desde principios del verano. He dejado de ser médico y me he convertido en una empleada del hogar o, si se quiere un término más claro, en una criada. De lunes a viernes voy a esa casa, desde las nueve de la mañana a las dos de la tarde cobrando la parte proporcional al salario mínimo. Por supuesto, tengo mi contrato y todos los asuntos legalizados.

Hay también una orden importante de mi Ama y es que nadie, ni en la casa a la que voy  ni fuera, puede conocer mi profesión de médico. he de comportarme en todo momento y ante todo el mundo que no es de mi círculo íntimo, como una empleada doméstica.

Llevo aún poco tiempo, pero ya ha producido algunas consecuencias y una de ellas es que el ambiente en el que se desarrolla mi vida ha cambiado sustancialmente, en las nuevas amistades, en conocer a otras chicas que trabajan en lo mismo que yo y en algunas cosas más. 

Para finalizar, diré algo que sorprenderá a muchos, pero que es totalmente cierto. Naturalmente, sé lo que he estudiado y la profesión que he ejercido siempre, pero si queréis que os diga la verdad, a veces tengo la sensación de que siempre he sido una sirvienta y la total seguridad de que aún lo voy a ser durante mucho tiempo.


martes, 7 de julio de 2020

El castigo





Durante la última semana he estado sometida a uno de los castigos más duros o más desagradables que he sufrido en mi vida de esclava. En realidad, el castigo no me lo impuso mi Ama por algún comportamiento equivocado sino otro Amo con el que, con el permiso de mi Ama, mantengo un contacto a través del correo electrónico.
El asunto fue que consideró que en uno de mis correos le había faltado al respeto, y si he de ser sincera, he de admitir que fue cierto y que tenía razón, aunque, en ningún caso, fue un acto voluntario o premeditado. En esencia, este Amo me estaba diciendo que podía ponerme en contacto con su sumisa para cambiar impresiones y yo le pedí que me diera su dirección de correo electrónico para escribirle, pero se lo pedí casi como una exigencia y sin guardar las formas que debía haber guardado.
El Amo se sintió ofendido y escribió a mi Ama para contarle lo sucedido y para solicitar un castigo como forma de resarcir los daños que le había causado. Mi Ama estuvo de acuerdo y consideró que mi actitud era merecedora del castigo, pero le dejó a él la decisión sobre el castigo a imponer.
La orden llegó enseguida. Durante una semana mi comida principal del día debía ser exclusivamente comida para perros. De esa forma y durante siete largos días he hecho mi comida principal a base de comida húmeda y seca para perros, botes de carne en todas sus variantes, galletas, huesos de jamón y hasta bolitas de pienso.
Además de eso, tuve que comer a cuatro patas, directamente con la boca, sin usar manos ni cubiertos y depositada en un cuenco en el suelo, mientras que en otro cuenco estaba el agua. Como una verdadera perra.
En un principio, me resultó asqueroso. Pero con el paso de los días, las cosas cambiaron. No voy a decir que me gustara o que dejara de tener cierta repugnancia, pero sí que, como casi todo, es una cuestión de mentalización. La carne es carne aunque sea de peor calidad, la verdura es verdura y una llega a hacerse a la idea de que no es tan malo como se pensaba, aunque sí totalmente denigrante, provocando una gran dosis de humillación.
Quiero dar las gracias al Amo que me castigó (no quiero ni puedo dar su nombre) porque me ha facilitado una nueva y excepcional experiencia, porque ha corregido mi error y porque, en definitiva, me ha hecho mejor esclava.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Diapers




No es fácil para mí hablar de los diapers y no es fácil porque no tengo experiencia sobre ellos. La única que tengo viene de haberlos usado por orden de un Amo al que estuve cedida. La primera vez como castigo, aunque es verdad que un castigo liviano. La segunda como una orden: llevarlos debajo de una falda, mojarlos y permanecer por ellos durante quince minutos a partir de ese momento.
Ninguna de las dos veces me gustó ni me produjo excitación o cualquier sensación que pudiese mejorar el concepto que tengo de su uso en BDSM.
Los diapers son pañales para adultos, pero con la forma de los pañales para los niños. Es decir, cuando los llevas es como si llevaras pañales de bebé o de niño muy pequeño. Por un lado, son grandes y es complicado disimularlos debajo de la ropa, ya sea una falda o un pantalón y por otro, el tejido que los conforma produce un ruido muy desagradable y perceptible.
Se les puede usar en muchas acciones. Para mí, la más importante es la de little/Daddy o infantilismo en el que el Dominante hace de papá o de mamá y el o la sumisa de niño o de niña.
Otra utilidad importante es usarlos como método de humillación y puedo asegurar que, al menos para mí, es terriblemente humillante. tener que ir al trabajo a hacer cualquier cosa y llevar un pañal con su tacto, su ruido y con posibilidad de ser notado por los demás, es tremendamente humillante. No digamos nada si a la orden de llevarlos se le une la de no poder ir al baño en toda la jornada laboral.
He leído que también se usan como bondage, pero de esto puedo hablar poco, porque no lo he experimentado.
En definitiva, una práctica de BDSM muy humillante, pero también bastante sucia, que no termina de convencerme, aunque ya se sabe, a una esclava no tiene porqué convencerle nada o, por decirlo mejor, lo que le guste o no a una esclava es totalmente indiferente.

jueves, 26 de marzo de 2020

La vara




He de confesar que me gusta ser azotada porque me gusta el dolor. No un dolor de cabeza o de muelas o por cualquier  otra enfermedad, pero sí el dolor dentro del BDSM. Personalmente, creo que es normal, aunque es probable que muchos piensen que estoy loca o algo parecido. Estoy convencida de que la mayoría de las sumisas y esclavas son masoquistas en mayor o menor grado, lo mismo que todos los Dominantes, o la inmensa mayoría, son sádicos en mayor o menor medida.
Durante este mes he mantenido un intercambio de correos con un presunto Dominante que ha terminado por ponerme de los nervios. En uno de los correos surgió el tema de los azotes y yo le dije que el instrumento que menos me gustaba era la vara porque me producía más dolor que ningún otro. Desde mi punto de vista provoca una sensación muy desagradable, no como otros tales como el flogger, el gato o cualquiera de ellos. Este hombre me respondió que no, que la vara no producía más dolor sino que el dolor dependía de la fuerza del azote. Claro, eso es evidente, pero lo que yo decía era que a igual fuerza, la vara era peor para mí. Estaba hablando de mi experiencia personal, de que era a MI a quien le dolía.
No conseguí que diera su brazo a torcer porque aseguraba que no me dolía más la vara porque dependía de la fuerza del azote. Tuve que dejar el tema.

Quedaros en casa.

jueves, 30 de enero de 2020

El Castigo




Es frecuente que haya personas que me escriben a través de la sección de comentarios del blog, exponiendo sus opiniones, su forma de pensar o expresando su parecer sobre algún tema. Normalmente, suelo responder en la misma sección, pero es posible que en alguna ocasión se me pase, por lo que pido disculpas.
Hace ya tiempo, mi Ama hizo pública mi dirección de correo por si algún lector o seguidor quería escribirme y manifestar algo de forma más personal e, incluso, mi Dueña abrió una especie de buzón por si alguien quiere dar una queja sobre mí o sobre mi comportamiento.
Han sido varias las personas, tanto Amos como esclavos y esclavas que se han dirigido a mí en los últimos meses y algunos con los que he seguido manteniendo una correspondencia que siempre ha sido muy provechosa y agradable para mí.
El otro día, sin embargo, un Amo con el que llevo manteniendo una correspondencia desde hace ya tiempo, manifestó una queja sobre mi comportamiento y su deseo de ser castigada por ello. En concreto por tardar más de lo razonable en cumplir una tarea a la que me había comprometido.
El castigo consistió en recibir treinta azotes con un flogger, estando desnuda en medio de la mazmorra, los brazos al techo y las piernas separadas con la spreaderbar. De esos azotes, quince debían ser en las tetas y los otros quince en el sexo (Ya sé que los Amos lo llaman de otra manera).
Evidentemente y dado que el Amo vive en otra localidad, el castigo tuvo que aplicarlo mi Ama y debo decir que fue un castigo justo y efectivo. Azotes fuertes de los que hacen gritar y que salten las lágrimas.
Ya lo he hecho personalmente pero también quiero pedir perdón a este Amo y darle las gracias por haber corregido un comportamiento que nunca debería haber tenido.