Ayer recibí el primer castigo de esta nueva etapa de mi sumisión y, por tanto, el primero que me pone mi nuevo Amo. Tenía yo la misión de salir a la calle a hacer algunas compras para la casa y mi Amo me hizo un encargo personal, encargo que, lamentablemente, se me olvidó cumplir. Cuando se lo comuniqué a mi Dueño con el cuerpo casi temblando por su reacción, mi Amo se enfadó seriamente y decidió castigarme. Se sentó en una butaca, me ordenó acercarme a él y tumbarme abajo sobre sus piernas. Entonces, me propinó cinco palmetazos en cada nalga, con la mano abierta y con una fuerza considerable. Concedo que me dolieron mucho y que grité con cada uno de ellos. Una vez que hubo terminado, me mandó ir hasta la pared de enfrente y ponerme de cara a ella, ocupando el rincón que formaban los dos tabiques.
Así estuve quince minutos y cuando pasaron, volvió a llamarme y a ordenarme otra vez que me volviera a tumbar como había sucedido anteriormente. Lo hice sumisamente y me atizó otros cinco azotes como los anteriores, aunque esta vez no solo grité sino que también lloré. Una vez finalizados los azotes, me ordenó volver al rincón y permanecer otros quince minutos y cuando transcurrieron, me llamó para que me pusiera frente a él y me preguntó si tenía algo que decir. Le pedí perdón por mi olvido y le dije que lo sentía mucho. Ahí terminó el castigo.
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