Tuvo que pasar un largo período de tiempo para que mi vida volviese a la normalidad. La muerte de mi madre, víctima de un cáncer de ovarios, lo trastocó todo e hizo que se produjera una revolución en mi vida, hasta que, poco a poco, todo fue volviendo a la normalidad anterior. Y fue en esa normalidad cuando, una tarde, me encontré con uno de los Amos que había tenido, el primero con el que empecé a tener contactos personales para hablar, aprender y realizar sesiones, la gran mayoría de las veces, de adiestramiento y de azotes. Entramos en una cafetería a tomar un café y me preguntó si todavía estaba en ese mundo del BDSM. Le conté lo que había pasado con mi madre y durante los meses posteriores y entonces, me informó de que conocía a un Ama, muy amiga suya, que estaba buscando una esclava. Me preguntó si podría estar interesada y que si quería que me diese su teléfono.
El Ama Luna era una mujer de unos cuarenta y cinco años, delgada, agradable y divorciada. Sin embargo, tenía una especie de pareja con la que no convivía, pero con quien sí salía. Me dijo que tenía una sumisa, una chica sudamericana, creo que me dijo colombiana, pero que terminaban la relación porque la chica regresaba a su país. Y ahí empezó de nuevo mi vida como esclava en una relación de Dominación/sumsión.
Debo contar que fue mi primera relación en convivencia con un Ama. Tenia un piso en un barrio residencial y allí llevé mis cosas y me instalé en un dormitorio contiguo al suyo. Mi relación con el Ama Luna duró más de dos años y terminó porque su empresa (ella era abogada y trabajaba en un bufete) le propuso trasladarse a Sevilla, con un cargo mejor y un sueldo más elevado.
Solo voy a contar un detalle de esa relación. El Ama Luna era heterosexual y yo también lo soy, aunque eso tendría menos importancia, pero no quería practicar sexo con mujeres y, por tanto, conmigo. Para subsanarlo, con una frecuencia más o menos mensual, me cedía a un Dominante, íntimo amigo suyo, para que practicáramos sexo como parte integrante de la relación. Y fue en uno de esos encuentros donde ocurrió el malentendido que he contado a veces. Esa noche tuve sexo con él y al terminar y prepararme para irme, me dio las gracias y me tendió el brazo con unos billetes en la mano: doscientos euros. "Toma", me dijo, "te lo has ganado".
No sé lo que pasó. Ni sé lo que pensé ni lo que circuló por mi mente. Aseguro que no toma una decisión consciente, que no supe lo que hacía, pero cogí el dinero, le di las gracias y me fui. Y cuando iba de vuelta por la calle, me di cuenta de lo que había hecho, de que había cogido dinero a cambio de sexo y que eso era prostitución. Corrí a casa de mi Ama y le conté lo ocurrido y le dije que volvería a casa del hombre, le contaría mi despiste y le devolvería el dinero. Pero mi Ama me dijo que ni hablar, que si lo había cogido, no había vuelta atrás. Durante un tiempo consideré que me había prostituido; luego, lo deseché y me conformé pensando que fue un error y ahora ya no sé qué pensar pero me da igual. Dejo la decisión y la opinión al criterio de los lectores de este blog.
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