viernes, 28 de agosto de 2026

El largo camino hacia la esclavitud - Parte 5

     Con esta entrada termino la narración de mis andanzas en el mundo de la Dominación/sumisión, desde mis inicios en una relación totalmente light a través de Internet hasta mi actual relación dentro, no ya del BDSM como tal, sino del llamado TPE.

    Antes de empezar quiero pedir disculpas por la tardanza en continuar con el relato y por el tiempo transcurrido desde la aparición de mi última entrada. Realmente, me ha sido imposible hacerlo antes.

    A mediados de 2.025, mi Ama Luna con quien, como ya se sabe, mantuve una relación BDSM en la que convivimos juntas en su casa, me comunicó que la empresa en la que trabajaba, le había ofrecido un trabajo muy ventajoso en otra ciudad, con un puesto de mayor responsabilidad (ella es abogada) y con un sueldo superior y que la había aceptado. Solo había dos alternativas, o yo me trasladaba también o dábamos por terminada la relación.

    Yo no tenía la menor intención de trasladarme a ninguna parte y al saberlo, ella me comunicó que conocía a un Dominante, al que, casualmente, yo también conocía por habernos visitado un par de veces, que estaba interesado en mí para iniciar una relación profunda, no ya de BDSM, sino de TPE, pero que no quería una cesión o un alquiler ni nada de ese tipo, sino que lo que deseaba era comprarme, por supuesto, con mi consentimiento, iba a ir esa misma tarde a la casa para hablar conmigo.

    Lo que me había contado mi Ama era la realidad. Nos sentamos Él y yo a hablar y decidimos consensuar una relación, pero con la particularidad de que en los asuntos que no hubiera acuerdo, Él tenía la última palabra. En ese momento pensé que eso no era un consenso, pero me atrajo tanto, que le dije que sí. Entonces, me dijo que su deseo era comprarme al Ama Luna y que yo lo aceptara por escrito, incluyendo también el futuro. Añadió que yo no tenía por qué saber el precio de la compra, que era un asunto entre mi Ama y Él. Me dio igual y también respondí que sí. Nunca he sabido el precio que pago el Amo Mario por mí. Me han dicho que fue una cantidad simbólica, pero nadie me ha dicho nunca nada.

    Al final de esa tarde, yo era su esclava, según el acuerdo, su propiedad veinticuatro horas al día, todos los días del año, todos los años de mi vida, aunque me dijo que si en algún momento le razonaba una causa para no seguir, Él me daría la libertad porque no quería una esclava que no estuviese a gusto con Él.

    Las relaciones TPE son muy fáciles de explicar: Él es mi propietario; yo soy su propiedad. No tengo ningún derecho, salvo los concedidos por Él. Únicamente hay dos límites: las acciones ilegales y las que puedan causar un perjuicio a mi salud. Él controla todos los aspectos de mi vida, mis trabajos, mis finanzas comidas, mis bebidas, mi vida privada y lo que puedo y no puedo hacer en cada moento. Yo no controlo nada de mí misma.

    Ahora, se ha cumplido un año desde esa reunión y puedo decir que soy feliz, que he llegado a lo más alto y profundo. Sé que habrá gente que no lo comprenderá, pero es lo que he uerido hacer y hasta ahora no he tenido más que satisfacciones, felicidad y alegría.

    Gracias a todos por haber leído esta serie.