viernes, 12 de junio de 2026

El largo camino hacia la esclavitud - Parte 2

         Llegados a este punto, me gustaría revelar algunas circunstancias que ocurrieron en aquella época y que, no solo cambiaron mi vida, sino que fueron la causa de que yo continuara mi inmersión en el mundo de la Dominación/sumisión. Si no hubieran tenido lugar esos acontecimientos, me habría sido imposible, dadas las circunstancias, introducirme en ese mundo.

    Tenía yo dieciséis años cuando mis padres se divorciaron. Ya llevaban algún tiempo en que su matrimonio iba a la deriva y fue mi padre el que le propuso a mi madre terminar con su relación. A mi madre le pareció bien. Estaba harta de engaños, infidelidades, discusiones y reproches mutuos, con lo que mi padre cogió sus cosas y se marchó de casa. Personalmente, no participé en ningún trámite, pero el final de todo aquello fue que mi madre y yo nos quedamos solas en el piso alquilado y él lo abandonó.  Algún tiempo después, supimos que se había ido a vivir a otra ciudad a la que le había trasladado su empresa (Imagino que con su conformidad). Desde entonces, solo he sabido de él de forma esporádica hasta que un buen día todo se fue al garete. Durante un tiempo, me estuvo llamando de vez en cuando hasta que en una de esas conversaciones tuvimos una bronca impresionante y dejamos de relacionarnos. Desde entonces, solo supe de él que se había vuelto a casar y a partir de ahí desapareció de nuestras vidas.

    Hasta ese momento, mi madre había trabajado como limpiadora en unas oficinas y mi padre no tuvo que compensarla económicamente, aunque sí tuvo que darme una asignación mensual para mi manutención, bastante escasa e insuficiente para vivir. En esa situación, mi madre y yo decidimos que también me pusiera a trabajar y casi el único trabajo al que podía aspirar y el que mi madre mejor conocía era el de empleada doméstica, aunque me negué en rotundo a dejar de estudiar y pude compaginar ambas cosas, trabajo por las mañanas y estudio por las tardes. Durante los siguientes meses seguí con mis escarceos por el mundo de la Dominación/sumisión, todavía a través de Internet, intercambiando correos o chats con otros aficionados hasta que con veintiún años, perdí a mi madre de un cáncer de ovario.

    Todo cambió para mí. No quise dejar de estudiar, pero necesitaba dinero imperiosamente. Con mis ingresos y el poco dinero que tenía mi madre, no podía mantener el piso alquilado y pagar todos los gastos. Por suerte, encontré un trabajo algo mejor remunerado y tuve la suerte de hacer amistad con una chica que conocí como compañera de trabajo y ella se ofreció a compartir su piso, pagarlo a medias junto con otros gastos y tratar así de reducir los mismos.

    Fue entonces cuando entré con más ahínco en el mundo llamado BDSM, cuando avancé en él y cuando establecí mi primera relación personal, aunque sin compartir todavía un lugar común para vivir.




    

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