Dentro de dos meses se cumplirá un año desde que inicié mi camino hacia la esclavitud de la mano de mi actual Amo y Señor. Es verdad que, bastante antes, ya me había iniciado en el mundo BDSM, pero nunca me había planteado llegar a la meta a la que estoy a punto de llegar.
Mi primera relación, que podríamos llamar light, fue una relación online a través de Internet con un Tutor con el que conversaba regularmente a través de un chat y que, de vez en cuando, me daba órdenes sencillas que yo cumplía y le contaba como había hecho lo que me había mandado hacer. Él me enseñó todos los fundamentos del BDSM, aumentó mi interés por ese tipo de vida, hizo que me sintiera sumisa y obediente y, sobre todo, despertó en mí ese deseo de someterme a un Amo y avanzar en el camino del BDSM. Pero llegó un momento en que la relación que manteníamos me pareció insuficiente y, dado que vivíamos en ciudades diferentes, decidimos terminarla. Poco tiempo después, comencé otra con un Dominante, al que también conocí por Internet, pero que vivía en mi ciudad. Al principio, retomamos el tipo de relación que había mantenido pero, no mucho más tarde, acordamos vernos en un lugar que podría definirse como neutral y en el que tuve mi primera sesión real (Antes de eso, nos habíamos visto varias veces en cafeterías u otros lugares públicos). Humillación, azotes, conversación, es decir, lo normal en una relación BDSM. Estuve con Él bastante tiempo. Nos relacionábamos tanto online como en persona para realizar sesiones y debo decir que aprendí mucho, que mi relación se convirtió en una clásica de Dominación/sumisión y que permanecí con Él algunos años hasta que un día me presentó a una mujer de cuarenta y seis años, divorciada, y que era Ama de una sumisa con la que convivía. Mi Amo me hizo sabe que iba a trasladarse a otra ciudad y que la Señora que me presentaba era una excelente Ama, amiga suya, de total confianza y con la que podía seguir mi senda por el camino de la sumisión.
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